El pasado, 4 de febrero, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, organizó una cumbre, a la que asistieron unos 40 países, con el objetivo de garantizarse un acceso seguro y continuado a los denominados “minerales o tierras raras” y, de paso, contrarrestar el peso de China.
Vance propuso a los asistentes la creación de un bloque comercial que estabilice los precios y las cadenas de suministro frente al dominio sobre los mismos que ejerce China. Entre ellos hay cuatro países africanos con importantes reservas y enorme potencial, la República Democrática del Congo (RDC), Kenia, Guinea-Conakry y Marruecos, que aspiran a jugar su baza: facilitar sus materias primas a las empresas norteamericanas, pero, a cambio, avanzar en su industrialización, crear empleo y obtener transferencia tecnológica para pasar, a medio plazo, de meros suministradores a generar su propia industria de transformación.