Si en los años 80 la “guerra fría” giró en torno a misiles y bloques políticos, hoy se libra en torno a baterías, chips y materias primas estratégicas. Y sí, nombres como Donald Trump y China aparecen en el mapa. No como caricaturas de un cómic político, sino como protagonistas de una realidad global que está reordenando alianzas, tensiones y prioridades económicas.
España afronta una transformación profunda en su modelo energético, marcada por la irrupción de las energías renovables, la necesidad de reforzar la autonomía estratégica de la Unión Europea y el reto de captar talento joven para un sector en expansión. La ingeniería de minas y energía se encuentra en el centro de este proceso, combinando tradición y futuro en un momento de cambio sin precedentes.
Bajo los terrenos de Matamulas, extendida entre los municipios de Torrenueva y Torre de Juan Abad en Ciudad Real, se encuentra un importante depósito de monacita. Un mineral rico en tierras raras magnéticas. clave para crear los llamados imanes permanentes que se usan en los aerogeneradores y en los coches eléctricos. Esta peculiar riqueza geológica, es motivo de conflicto entre los intereses económicos y las voces ecologistas de la región.
La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido con fuerza en el sector de la gestión de residuos, ofreciendo soluciones innovadoras que prometen acelerar la transición hacia una economía más circular y sostenible. En 2025, las herramientas digitales aplicadas al reciclaje y la recolección de desechos están demostrando su potencial para reducir costos operativos, mejorar la eficiencia de los procesos y, lo más importante, contribuir a la reducción de la huella de carbono.
España está emergiendo como un actor clave en la extracción de minerales estratégicos esenciales para la transición energética y tecnológica. Con algunas de las mayores reservas europeas de cobre, litio, níquel y tierras raras, el país podría reducir la dependencia de la Unión Europea (UE) de las importaciones de estos recursos críticos, actualmente dominadas por China. Sin embargo, el desarrollo de estos yacimientos enfrenta desafíos medioambientales y regulatorios que pueden frenar su crecimiento.
La industria minera en España está en un momento de transformación y crecimiento debido al auge de las energías renovables, la digitalización y la demanda de minerales estratégicos. A medida que el país avanza en la transición energética y se enfrenta a desafíos ambientales, la minería nacional adquiere una nueva relevancia. Desde minerales tradicionales hasta materiales esenciales para las nuevas tecnologías, el sector está jugando un papel fundamental en la economía española y europea.
La demolición de edificios utilizando explosivos es una técnica especializada que requiere la intervención de ingenieros técnicos de minas debido a su complejidad y los riesgos involucrados. En España, este tipo de demolición es menos frecuente que en otros métodos más tradicionales, como la demolición manual o mecánica, pero es esencial para ciertos proyectos por su eficiencia en tiempo y coste.
La industria minera se encuentra en una época de cambios, impulsada por la modernización y la digitalización con una visión más integrada de minería, energía, medioambiente y economía circular. Tanto a nivel global como en el País Vasco, Navarra, La Rioja y Soria, tiene múltiples desafíos; entre ellos, la falta de personal para cubrir miles de puestos cualificados para los próximos años.
Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) para limitar el aumento del calentamiento global en 1,5 °C para 2040 se requiere una inversión en materiales clave para el desarrollo de energías renovables de 730.000 millones de euros. Sin embargo, la caída de precios de minerales esenciales, favorable para los consumidores, se ha convertido en un obstáculo para que las empresas inviertan debido a la baja rentabilidad, poniendo en peligro alcanzara los objetivos necesarios para la garantizar la vida en nuestro planeta.
Ni gas ni petróleo, pero sí metales en la tierra. España ha sido un objetivo codiciado por sus riquezas subterráneas durante 2.000 años, desde que los romanos realizaron las primeras excavaciones. En aquel entonces, no se disponía de las herramientas actuales ni la tecnología podía indicarles la ubicación del brillante metal dorado.