Las explotaciones mineras alteran el medio, especialmente los suelos, por ello, la restauración de los espacios afectados por las explotaciones y sobre todo, un buen tratamiento del suelo son los mayores retos con los que se encuentran las empresas al realizar una restauración acorde a las exigencias de la administración competente.
El almacenamiento de la tierra vegetal es fundamental para una restauración correcta, pero no siempre es suficiente. En muchas ocasiones es necesario realizar un aporte extra de material orgánica para cubrir las expectativas. Los lodos de depuración de aguas residuales se presentan como una alternativa viable a estas actuaciones.
Los lodos son residuos que se obtienen en el proceso de depuración de las aguas residuales. Consisten en una mezcla de agua y sólidos producidos principalmente en las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) y en las fosas sépticas.
En función del grado de estabilidad de la materia orgánica que contienen, los lodos se clasifican de diferentes maneras:
Los lodos de depuración pueden contener sustancias con valor agronómicos como son la materia orgánica, el nitrógeno, el fósforo o el potasio pero también puede contener sustancias potencialmente contaminantes como son el cadmio, cromo, cobre, mercurio, níquel, plomo, y zinc. Es importante conocer la imposición exacta previa la utilización del mismo y para que puedan ser utilizados en la restauración de espacios mineros afectados, deben ser deshidratados para su correcta utilización.
Según datos consultados del Registro Nacional de Lodos, el 80% de estos se emplean para uso agrícola, mientras su depósito en vertedero no supera el 8%.
Los lodos de depuración de aguas residuales aportan a la tierra vegetal una restauración adecuada de las explotaciones mineras. Aun así, es importante conocer las características de los mismos y hacer un estudio pormenorizado de cada una de las explotaciones para sacar el mejor provecho y evitar posibles afecciones.