El año 2022 ha sido catalogado como «un año de extremos climáticos», con temperaturas máximas, sequías, inundaciones y niveles mínimos de hielo en la Antártida, así como un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente derivado de los incendios forestales del verano pasado en Francia, España, Alemania y Eslovenia. Aunque todavía es temprano para valorar la situación, en lo que llevamos de 2023 se prevé «otro año» de calor extremo con un mes de abril considerado por el ministerio para la transición ecológica y el reto demográfico, como el más seco de la historia.