El enorme crecimiento de China en los últimos años la ha convertido en importadora de múltiples mercancías y materias primeras, destacando entre ellas el mineral de hierro (indispensable para hacer acero), crucial en la construcción de viviendas urbanas, infraestructuras como carreteras, ferrocarriles, alcantarillado y sistemas de generación y distribución de electricidad.
El gigante asiático, ha llegado a comprar el 75% del mineral de hierro que circula por el mundo, entre 100 y 120 millones de toneladas mensuales por lo que, en épocas de auge, la demanda de este metal se dispara, pero en momentos de desaceleración, como el que se vive actualmente, el consumo cae, afectando los precios a nivel global. Por ello, el valor de la tonelada métrica de hierro estaba hace unos días entre los 90 y los 100 dólares, lo que supone un 50% menos que su récord de 212 dólares del verano de 2021.
En las últimas décadas empresas como las australianas Fortescue o Rio Tinto, la mayor minera de mineral de hierro en el mundo, o la brasileña Vale y la angloaustraliana BHP han nutrido sus cuentas de resultados y expandido sus negocios a otros metales gracias a los beneficios obtenidos por la venta de mineral de hierro.
Actualmente, sin embargo, sus acciones han caído en el mercado entre un 11% y un 35% desde enero hasta principios de septiembre y a nivel global se prevé que sigan bajando los próximos años. Aun así, las ganancias son amplias y se compensará la desaceleración con menor producción lo que mantendrá los precios del mercado.
La demanda de China disminuirá a medida que la construcción de propiedades continúe contrayéndose y los esfuerzos de descarbonización signifiquen que una mayor proporción de la producción de acero se produzca a partir de hornos de arco eléctrico, que utilizan chatarra de acero en lugar de mineral de hierro y carbón de coque, destaca el experto.
A pesar de este escenario, los especialistas descartan una gran crisis en el mercado del mineral de hierro ya que las industrias de las economías desarrolladas y algunas emergentes continuarán demandando este recurso. Incluso China, que reducirá su consumo de acero largo (utilizado en construcción), seguirá necesitando la materia prima para impulsar su transición hacia una economía verde.
Y tampoco afectará al futuro de nuestros colegiados ya que la ingeniería de minas es una profesión con una inmensa demanda, pleno empleo y cuyas salidas laborales pese al nombre de esta especialidad de la ingeniería abarcan otros muchos sectores como el medioambiental o el de las energías alternativas y las renovables.
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FUENTES: El País, DEIA, GCI Comunicación