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La reducción del ruido sísmico frente al coronavirus

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La reducción del ruido sísmico frente al coronavirus

El coronavirus no solamente ha afectado al sector empresarial y a la vida cotidiana, también ha tenido impacto en el ruido sísmico proveniente de fuentes naturales y artificiales, como el tráfico automovilístico, el oleaje del mar o la actividad industrial, que generan vibraciones omnidireccionales en la superficie de la Tierra y que son detectadas por la red de estaciones sísmicas.

En todo el Estado, hay un total de 55 estaciones sísmicas de Banda Ancha instaladas y más de 70 de Corto Periodo. Mientras que las primeras responden al movimiento (velocidad) del suelo sin distorsión entre periodos de 120 segundos y frecuencias de Hz a través de sensores Streckeissen, las de corto periodo, también denominadas redes de microsismicidad, son capaces de detectar vía radio dichos movimientos en tiempo real y en zonas determinadas.

El ruido sísmico en datos

Esta reducción del ruido sísmico que para los sismólogos es conocido como “ruido cultural” también ha sido percibida en todo el mundo. Geólogos del planeta y, especialmente, Thomas Lecocq, sismólogo del Observatorio Real de Bélgica, afirman que esa reducción corresponde a un 30% (lo que equivale a un tercio a nivel global. En el caso de Bruselas, la capital europea, el ruido sísmico ambiental se ha visto reducido entre un 30% y un 50%.

A nivel local, el Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC) detectó en zonas urbanas como la localidad tarragonesa de Reus una reducción del ruido sísmico de un 25% entre el 30 de marzo y 12 de abril; dos días antes de cumplirse el primer mes desde que se decretó el Estado de Alarma.

Normalmente, la reducción de este tipo de ruido suele darse en fechas señaladas como las vacaciones de Navidad y en periodos temporales limitados. Aún y todo, la despoblación de las calles y la ausencia de vehículos dada en esta situación excepcional ha provocado estos efectos en nuestro planeta que, en contraposición a la contaminación, ha mejorado la calidad del aire.

Consecuencias positivas

Los efectos causados por el coronavirus son más que positivos para la sismología. La reducción de este ruido permite a los científicos detectar con mayor precisión los registros de los terremotos o las erupciones volcánicas en todo el mundo. También favorece a la medición de la posición e intensidad de las tormentas oceánicas; lo que, a su vez, beneficia a los responsables de la predicción de la meteorología.

La ausencia del “ruido cultural” también permite a estos científicos investigar los temblores de mayor debilidad que surgen en la corteza terrestre. De este modo, los expertos pueden obtener una mayor compresión sobre la actividad volcánica y sobre los cambios que se producen en la capa freática de la Tierra

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