En lo que va de septiembre, tres bólidos han cruzado los cielos de España y Marruecos sin dejar un solo fragmento en tierra. Ninguno llegó a recuperarse, pero cada uno recuerda que el espacio sigue enviándonos materia prima que la ciencia todavía no ha catalogado. Así ha ocurrido, de hecho, con un meteorito que cayó hace unos 5.000 años en lo que hoy es Polonia: un equipo liderado por la Universidad de Silesia acaba de confirmar que uno de sus granos escondía un mineral jamás descrito, al que han llamado kopernikita.
El hallazgo se publicó el pasado 5 de mayo en Mineralogical Magazine, dentro del número especial por el 150 aniversario de la Sociedad Mineralógica británica, y lleva la firma de Evgeny Galuskin, Irina Galuskina, Joachim Kusz y Maria Książek, de la Universidad de Silesia, junto con Andrzej Muszyński, de la Universidad Adam Mickiewicz, y Grzegorz Zieliński, del Instituto Geológico Polaco. El equipo examinó más de setenta láminas delgadas del meteorito Morasko antes de dar con un único grano, de apenas 0,3 milímetros, dentro de un nódulo ovalado de grafito y troilita de poco más de medio centímetro. Desde que lo identificaron hasta que lo publicaron pasaron cerca de dos años de análisis en laboratorio. La Comisión de Nuevos Minerales de la Asociación Internacional de Mineralogía lo aprobó a comienzos de este año con el código IMA2025-082.
La kopernikita, de fórmula K(Ti7Cr)O16, pertenece al grupo de la priderita y presenta una estructura de túneles de tipo hollandita, la primera de esta clase descrita en un meteorito. Según los autores del estudio, cristalizó junto con fluorapatito a partir de gotas de fundido fosfático a temperaturas cercanas a los 1.000 ºC, en un proceso que, como hipótesis, pudo producirse durante colisiones violentas en el cinturón de asteroides y no ya en la Tierra. Es de color verde oscuro, brillo vítreo y una dureza de 5,5 en la escala de Mohs, con una densidad de 3,92 gramos por centímetro cúbico. Su nombre honra a Nicolás Copérnico, en lo que el equipo describe como un homenaje a la contribución polaca al conocimiento del universo: es el cuarto mineral nuevo que entrega el meteorito Morasko y el octogésimo descrito hasta la fecha por investigadores de la Universidad de Silesia.
Los meteoritos no son piedras corrientes: se forman y se transforman bajo presiones y temperaturas casi imposibles de reproducir en un laboratorio terrestre, lo que los convierte en una vía privilegiada para descubrir estructuras minerales inéditas. En España, la red de vigilancia SMART del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC), coordinada por José María Madiedo, registró en septiembre tres bólidos de gran brillo: uno sobre el mar Balear el día 11, otro sobre el golfo de Cádiz el día 19 y un tercero frente a la costa marroquí de Al Hoceima el día 20. Ninguno de los tres dejó fragmentos localizables en tierra, pero su seguimiento forma parte del mismo trabajo de vigilancia que, con algo más de fortuna, puede terminar poniendo un nuevo meteorito —y quizá un nuevo mineral— en manos de la ciencia.
FUENTES:
Imagine Comunicación.
Mineralogical Magazine, vol. 90 (DOI 10.1180/mgm.2026.10230); Universidad de Silesia (Katowice); Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC) / Red SMART.