La imagen de La Rioja como tierra de viñedos y bodegas eclipsa con frecuencia otra historia igualmente profunda: la del subsuelo. Desde que los romanos alababan las arcillas de Tricio hasta las explotaciones carboníferas que funcionaron en Préjano hasta mediados del siglo XX, la comunidad autónoma ha sido escenario de una actividad extractiva continua que ha moldeado su paisaje, su economía y sus municipios. Un legado que sus ingenieros de minas conocen mejor que nadie y que merece ser recuperado para entender de dónde viene el territorio y a dónde puede ir.
La historia minera riojana más antigua documentada parte de la época romana. el El Portal de Industria y Energía del Gobierno de La Rioja, señala que los restos arqueológicos del territorio evidencian la antigüedad de ciertas explotaciones, y la arcilla extraída en los alrededores de Tritium, el actual municipio de Tricio, fue alabada por sus cualidades ya en tiempos romanos. Se trataba de una cerámica de alta calidad que se distribuía por buena parte del noroeste peninsular, y cuya extracción dejó estructuras y hornos de los que aún quedan vestigios.
En la Edad Media, la actividad se desplazó hacia el hierro. La Sierra de la Demanda, en el occidente riojano, albergó ferrerías hidráulicas que aprovechaban el mineral local, la madera de los bosques serranos y la fuerza de los ríos para producir metal. Según el estudio Patrimonio minero y mineralogénesis de las minas de Najerilla, publicado en el XVII Congreso Internacional sobre Patrimonio Geológico y Minero por investigadores del IGME y la Universidad de La Rioja, en el último tercio del siglo XV el Duque de Frías construyó las primeras ferrerías hidráulicas documentadas en el valle del río Pedroso, y varias de estas instalaciones se mantuvieron activas, con periodos de abandono, hasta bien entrado el siglo XIX. Los valles del Najerilla y el Oja fueron los principales escenarios de esa siderurgia tradicional, de la que hoy quedan restos de escorias, muros y canalizaciones en varios enclaves de la sierra.
El gran salto en la escala de la minería riojana llegó con la revolución industrial y, en concreto, con la apertura de las explotaciones carboníferas de Préjano, en la comarca de Arnedo. A finales del siglo XIX se pusieron en marcha varias minas de carbón en los municipios de Préjano, Turruncún y Villarroya, cuya actividad quedó documentada ya en 1854 y 1858 en memorias redactadas por ingenieros de minas de la época y recogidas en la Biblioteca Virtual de La Rioja. Estas explotaciones estuvieron en funcionamiento hasta mediados del siglo XX, cuando el agotamiento de los filones y la competencia del carbón asturiano hicieron inviable su continuidad.
El cierre de las minas tuvo consecuencias demográficas directas. Préjano, que había prosperado como pueblo minero durante décadas, perdió cerca de la mitad de su población tras el abandono de la actividad, un proceso que se repitió en otros municipios serranos y que explica en parte la despoblación que aún caracteriza a esa zona de La Rioja Baja. Hoy, el Portal de Turismo de La Rioja, afirma que el legado de esa época sigue visible en el paisaje: galerías y hornos aún accesibles, una antigua vía verde que aprovecha el trazado del ferrocarril que transportaba el carbón, y el castillo medieval que domina el pueblo desde lo alto, testigo de varios siglos de historia económica.
Paralela a la historia del carbón discurre la del hierro en la Sierra de la Demanda, aunque con resultados más modestos de lo que las expectativas de la época prometían. En el siglo XIX aparecieron estudios que cifraban en más de cien millones de toneladas los recursos de mineral de hierro en la sierra, pero las dificultades de transporte por los caminos escarpados y la falta de inversión limitaron severamente su explotación, según detalla el Inventario de Recursos Geológico-Mineros de Carácter Singular en La Rioja, elaborado por GEOMARE para el Gobierno de La Rioja en 2007. Lo que sí funcionó durante varias décadas del siglo XIX fueron las ferrerías de los valles del Najerilla y el Oja, que combinaban el mineral local con la energía hidráulica de los ríos para producir hierro a pequeña escala.
El yacimiento más representativo desde el punto de vista mineralógico es el de las Minas de Najerilla, en Mansilla de la Sierra, donde se conservan mineralizaciones de plomo y zinc junto a restos de las instalaciones de extracción, transporte y tratamiento del mineral, incluida la fundición de plomo Bella Estrella, la única iniciativa industrial de ese tipo que llegó a operar en la Demanda riojana. Estos vestigios constituyen un patrimonio geológico y minero de relevancia para todo el Sistema Ibérico, y su conservación merece atención institucional.
Cerradas las explotaciones de carbón y hierro, la minería riojana contemporánea se ha reorientado hacia los recursos no metálicos. En la comunidad autónoma operan en torno a 85 empresas dedicadas a la extracción y transformación de recursos minerales. La actividad más relevante por volumen es la de los áridos, tanto naturales (gravas y arenas procedentes de los aluviones del Ebro y sus afluentes) como de machaqueo (ofita y caliza), empleados en la construcción de carreteras, infraestructuras ferroviarias y obras públicas. Le siguen en importancia la extracción de arcillas para cerámica estructural y decorativa, y la fabricación de yesos y escayolas.
Es una industria discreta en comparación con otras comunidades, pero estructuralmente necesaria: los áridos y las arcillas riojanas sostienen buena parte de la cadena de suministro del sector de la construcción en el norte de España. El reto actual, como en el resto del territorio nacional, pasa por compatibilizar esa actividad con la rehabilitación ambiental de los espacios extraídos, una exigencia normativa que el propio Gobierno riojano recoge en su ordenación minera y que es, también, una oportunidad de futuro para los ingenieros de minas formados en la gestión sostenible del subsuelo.
En ese cruce entre historia, técnica y territorio, el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste lleva décadas trabajando junto a quienes hacen posible que ese legado siga siendo útil.