Cada móvil guardado en un cajón, cada ordenador de torre arrinconado en un trastero, es en realidad un pequeño yacimiento sin explotar. España genera ya varios cientos de miles de toneladas de residuos electrónicos al año y, según las previsiones, esa cifra seguirá creciendo con fuerza hasta 2030. La respuesta no pasa solo por reciclar más, sino por extraer mejor: un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM), del CSIC, ha puesto en marcha en Madrid una planta piloto que recupera cobre, plata y platino de aparatos electrónicos desechados con un proceso más limpio y eficiente que los métodos tradicionales.
La instalación, bautizada RC-Metals, utiliza un horno vertical de lanza sumergida: inyecta combustible y oxígeno directamente en el material fundido para separar los metales de valor del resto de componentes de ordenadores, teléfonos móviles y electrodomésticos. El proyecto, dado a conocer en mayo de este año, forma parte de la línea de investigación del CENIM en metalurgia extractiva y economía circular, en un contexto en el que, según recuerda el propio centro, Europa genera millones de toneladas de residuos electrónicos cada año.
La magnitud del reto queda reflejada en el VI Informe Anual de Recyclia, la entidad de referencia en España para el reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) y pilas, dirigida por Gabriel García. Según sus previsiones, los equipos ya comercializados en España generarán más de 848.000 toneladas de residuos electrónicos de aquí a 2030. Casi un tercio corresponderá a grandes electrodomésticos (31 %), más de una cuarta parte a pequeños aparatos (27 %), un 19 % a equipos de intercambio térmico —frigoríficos y aires acondicionados— y cerca de un 10 % a paneles fotovoltaicos, una categoría que empieza a pesar con fuerza a medida que envejecen las primeras instalaciones solares.
A escala europea, el propio estudio de evaluación de la Directiva RAEE estimó en unas 1.100 toneladas las materias primas críticas recuperables solo en 2021, mientras que la recogida de este tipo de residuos ha crecido un 65 % entre 2003 y 2022. Son cifras que sitúan a la minería urbana —la extracción de metales de los residuos en lugar de la roca— como un complemento cada vez más relevante para la minería convencional, en un continente que depende de terceros países para buena parte de sus materias primas críticas. Para los ingenieros de minas, el reto ya no es solo dónde excavar, sino también cómo reprocesar lo que ya hemos extraído una vez.
Imagine Comunicación
CENIM-CSIC, proyecto RC-Metals (mayo de 2026);
Recyclia, VI Informe Anual sobre RAEE y pilas en España;
Comisión Europea, estudio de evaluación de la Directiva RAEE 2012/19/UE.